En la naturaleza observamos sus nociones básicas como lo es la unidad, las causas, los efectos, las relaciones,características de sentidos como formas, tamaños etc. De todas estas, tendría que advertir que la unidad parece ser la más relevante.
La manera en que opera el dios de la religión, o la causa de las causas que procura encontrar la razón, no es otra cosa que el sentido de la unidad y su respuesta ulterior como objetos cognoscibles para una mente que generalmente en el tiempo presente, se considera un insulto al intelecto. Una inmadurez en la conciencia que poco sabe y conoce de sí misma.
En este sentido de percepción de la cosas como unidad, surge la religión como la forma apropiada de representar la pobreza de razón que nos deja establecido nuestra incapacidad de conocer las verdaderas nociones naturales.
Ahora, transfiérese la religión como pura percepción sin conocimiento, y he aquí que se tiene una nueva forma de libertad.A saber, todo conocimiento y razón se transforma en su totalidad, en experimentación, en el puro conocer. De ser esto posible,desaparece el mundo,pues la razón construye y espíritu conoce.
La religión se construye en base a la civilización, aquí es donde se desarrolla y se implementan nuevas ideas, crece y eventualmente se hereda como forma de educación. Siendo ya una tradición,esta difícilmente queda expuesta al olvido y a la exclusión. Se adhiere como cualquier costumbre aprendida. En efecto, confiar en otra capacidad más sabia que la nuestra previene lamentar los propios errores. De ser así, me es necesario advertir a todo individuo que su capacidad, por más pálida que parezca, puede y tiene el derecho de admitir sus propias razones y decisiones con respecto a su ideología, al ideal que propiamente establece lo más sagrado, el derecho de pensar por sí mismo. Y mejor aún, de generar conocimientos.
...
El precepto de religión infiere en la incapacidad mental de concluir en el conocer la causa de las causas. Y esto se ha hecho evidente en toda la historia del hombre. En toda civilización se ha propuesto la religión y los dogmas místicos para explicar las calamidades y eventos inexplicables, e inferir de manera simple como opera y funciona lo natural.
El dogma religioso tiene como inconveniente, no la explicación y función de las causas, sino la explicación eminente de la incapacidad mental humana por conocer realmente estas funciones y causas.
Para el observador astuto se dice: !Que mire y procure su libertad!
viernes, 27 de mayo de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
El contrato social ( Referencia: Rousseau)
Hablamos de un pacto cuando un grupo de opiniones e ideas se reúnen y coinciden en sus puntos particulares. Esta coincidencia funciona como la idea más vivaz, como prioridad que consigue la eficiencia de todo el sistema planteado. Así, cuando todas las voluntades particulares se unen de manera en que una opinión singular coincida con las prioridades del otro o de un grupo de individuos, se dice que esto es como consecuencia un contrato, acuerdo o pacto.
El contrato tiene como base un punto clave que permite que todo el sistema funcione aún si una de sus partes es deficiente, y aquí la importancia del punto clave en el contrato es que exista una razón para que tu opinión persiga el mismo objetivo que las restantes voluntades del grupo al que en el determinado tiempo perteneces.
La razón necesariamente determina el bienestar comunal por el hecho de prestar o ceder tu derecho de opinión como persona o ciudadano a los demás, para tener como resultado, una equidad de voluntades que satisfacen todas las necesidades del grupo.
Aquí las propuestas adjuntas tanto como personales tienen como motivo la creación de leyes para mantener el orden en la comunidad y las ventajas necesarias para la conservación de los derechos humanos. Que por ende, el respeto a las necesidades humanas determina ya una ley natural de conservación, innata en el instinto humano tanto como en toda su especie.
Por esta razón primordial nacen las leyes y las opiniones reunidas como poder legislativo dentro de todo el cuerpo político, así como el orden en el estado.
Para que persista la validez del contrato social tendría que existir una "democracia" que se entiende como la libre expresión del individuo para la elección de las posibles vías o caminos en que una sociedad puede ser gobernada por ciertas leyes, más nunca por una autoridad como persona, pues esto sería una forma déspota y perversa de expresar las más bajas debilidades humanas.Como lo es el poder manipular masas para tu propio beneficio,y esta es una de las razones por la cual el estado entra en una etapa de declive por revoluciones y desequilibros económicos.
Así, sólo existe un contrato social cuando ésta democracia existe completamente, es decir, que cada elección individual coincida con todo el estado.Esto podría lograrse si el mayor objetivo consiste en el bienestar comunal.
En efecto, la manera en que el acuerdo tiene eficiencia radica en no desviar el propósito primordial a pesar del sacrificio y las posibles pérdidas personales que puedan ocurrir, y que todo el poder de la voluntad general se manifieste en un progreso colectivo logrado por cada esfuerzo individual. Que el leviatán de Hobbes se eleve como nación de máximos estándares económicos, de paz, y de seguridad para la vida de sus habitantes así como su relación con otros países.
En efecto, hemos de admitir que este respeto al pacto consiste en expresar estados sobrehumanos.Pues hablamos de un esfuerzo y una organización de altos grados para optimizar todas las mentes dispuestas a actuar de la mejor manera conveniente. En armonizar las opiniones individuales de acuerdo al plan establecido, que es la paz.
Pero es como si dijese que el agua siempre goza del mismo patrón de fluidez.
En efecto,la naturaleza humana es egoísta. Persiste sólo en declarar su voluntad para su propio beneficio. En casi cualquier circunstancia el instinto de conservación muestra toda debilidad y se hace presente en lo que realmente es, "Ecce hommo"(Este es el hombre)y por ende, un pueblo en una perfecta democracia, con tal organización que permita todo el progreso a pesar de elevados sacrificios, se consideraría entonces, una comunidad de dioses.
Como menciona Rousseau: "Tal pueblo no conviene a los hombres"
El contrato tiene como base un punto clave que permite que todo el sistema funcione aún si una de sus partes es deficiente, y aquí la importancia del punto clave en el contrato es que exista una razón para que tu opinión persiga el mismo objetivo que las restantes voluntades del grupo al que en el determinado tiempo perteneces.
La razón necesariamente determina el bienestar comunal por el hecho de prestar o ceder tu derecho de opinión como persona o ciudadano a los demás, para tener como resultado, una equidad de voluntades que satisfacen todas las necesidades del grupo.
Aquí las propuestas adjuntas tanto como personales tienen como motivo la creación de leyes para mantener el orden en la comunidad y las ventajas necesarias para la conservación de los derechos humanos. Que por ende, el respeto a las necesidades humanas determina ya una ley natural de conservación, innata en el instinto humano tanto como en toda su especie.
Por esta razón primordial nacen las leyes y las opiniones reunidas como poder legislativo dentro de todo el cuerpo político, así como el orden en el estado.
Para que persista la validez del contrato social tendría que existir una "democracia" que se entiende como la libre expresión del individuo para la elección de las posibles vías o caminos en que una sociedad puede ser gobernada por ciertas leyes, más nunca por una autoridad como persona, pues esto sería una forma déspota y perversa de expresar las más bajas debilidades humanas.Como lo es el poder manipular masas para tu propio beneficio,y esta es una de las razones por la cual el estado entra en una etapa de declive por revoluciones y desequilibros económicos.
Así, sólo existe un contrato social cuando ésta democracia existe completamente, es decir, que cada elección individual coincida con todo el estado.Esto podría lograrse si el mayor objetivo consiste en el bienestar comunal.
En efecto, la manera en que el acuerdo tiene eficiencia radica en no desviar el propósito primordial a pesar del sacrificio y las posibles pérdidas personales que puedan ocurrir, y que todo el poder de la voluntad general se manifieste en un progreso colectivo logrado por cada esfuerzo individual. Que el leviatán de Hobbes se eleve como nación de máximos estándares económicos, de paz, y de seguridad para la vida de sus habitantes así como su relación con otros países.
En efecto, hemos de admitir que este respeto al pacto consiste en expresar estados sobrehumanos.Pues hablamos de un esfuerzo y una organización de altos grados para optimizar todas las mentes dispuestas a actuar de la mejor manera conveniente. En armonizar las opiniones individuales de acuerdo al plan establecido, que es la paz.
Pero es como si dijese que el agua siempre goza del mismo patrón de fluidez.
En efecto,la naturaleza humana es egoísta. Persiste sólo en declarar su voluntad para su propio beneficio. En casi cualquier circunstancia el instinto de conservación muestra toda debilidad y se hace presente en lo que realmente es, "Ecce hommo"(Este es el hombre)y por ende, un pueblo en una perfecta democracia, con tal organización que permita todo el progreso a pesar de elevados sacrificios, se consideraría entonces, una comunidad de dioses.
Como menciona Rousseau: "Tal pueblo no conviene a los hombres"
jueves, 14 de octubre de 2010
De la especie (referencia: Schopenhauer)
En todo momento de especulación al futuro siempre existe la posibilidad de que todas las cosas conocidas perezcan y desaparezcan. A lo que nos aferramos todavía con mayor certeza, las cosas que consideramos buenas en su momento. De aquí que no las perdemos y por el contrario, las apreciamos en sus mejores formas y sus más altos rangos. Así, la familia, la amistad, tu compromiso de dar lo mejor de ti al mundo, son cosas que en su momento las consideras como bien supremo, y es bien supremo porque así lo has creído y no por concepto universal.
Pues bien, a estos bienes supremos nos entregamos y con ellos estamos satisfechos, completos, afirmamos infinidad de veces nuestra existencia. Decimos tres veces sí a lo que contemplamos inciertamente porque no es comprendido. Pero es adorado y demasiado placentero.
Todos estos placeres allí reunidos son en gran parte, la consideración de tener presente el pensamiento de unidad como a priori. De saber que nada se encuentra solo y que no hay una percepción de abandono… mucho menos de muerte.
Este pensamiento elevado y muy natural se refiere a lo que queremos y perseguimos como bien supremo. El compartir quien eres, el dar y recibir, el ser íntegro, el ser honesto, el ser humilde. Este sentimiento de integridad provoca que las familias prevalezcan unidas, que lleguen a ser una especie exitosa.
Toda especie, en especial la humana, está conciente de su integridad con todas las cosas y de anular su percepción ficticia de abandono. De considerar al semejante como una imagen muy real de sí mismo. Es aquí cuando no hay un abismo entre lo oscuro y la verdad, cuando no existe el concepto “velo de maya” si no el conocimiento intuitivo: “considerar al espíritu puesto en todas las cosas”
De esta manera el individuo es libre, sabe que él mismo no significa nada. Que él, individuo como muchos, muere y es remplazado por otros. Que su existencia en un enorme universo no puede ser amenazada de ninguna manera. Pues este universo es espejo de sí mismo, de una voluntad que lo mantiene firme, con miedo, pero firme.
Así la conciencia elevada sabe de muchas y variadas formas que no puede morir, porque los muchos y miles de acontecimientos que suceden no van a detenerse cuando su cuerpo pare de funcionar.
Así, no es el individuo lo que importa, si no la especie. La idea del humano en conjunto. Pues el humano nace, trae sus genes al mundo y con esto asegura la especie. Su más grande objetivo que es como nunca desaparecer, pues el mismo es su pueblo.
…
El placer del sentimiento de integridad a todo lo conocido es lo que inconscientemente deleitamos y adoramos como “bien supremo”. Lo que buscamos y al momento de hacerlo conciente lo definimos como “espiritual”. De aquí que muchos sean capaces de sacrificarse por el bienestar del otro, es decir, de su especie. De lo que es él mismo viviendo en todos.
Hay un punto importante en esta reflexión, a saber: en un inmenso universo, con millones de estrellas y galaxias, y por lo tanto, acontecimientos de magnitudes extraordinarias como la explosión de una supernova o acciones más desapercibidas como la conversión de un elemento a otro. En un universo con miles de acciones que suceden a nuestro alrededor, ¿Por qué estamos tan seguros que nuestras muertes significan algo? Aún si la especie humana desapareciese, el cosmos seguiría siendo tan perfecto como siempre lo ha sido.
La muerte de un individuo es un acontecimiento. Algo que realmente ha sucedido como muchos eventos en donde por más que los consideremos insignificantes y pequeños, no pueden negarse que han pasado. Pues así los eventos más rápidos y más pequeños a nuestra percepción, como el desprendimiento de un electrón, no significan la desaparición, si no, en mejor término, la transformación. Asimismo, la muerte de una célula tampoco significa la completa desaparición del cuerpo, si no que por el contrario, es funcional y necesaria, algo muy natural. ¿Por qué entonces se teme a la muerte?
Es lo que se define como conocer lo incomprensible. Y de aquí nace nuestro miedo también, pues se ha convertido en una costumbre necesaria al instinto.
Así en conclusión, ver la vida (voluntad) en infinidad de expresiones, es reconocerte a ti mismo, y de la misma forma, tu existencia puesta en otros. O en el mejor de los casos para su comprensión: “En todo”.
Pues bien, a estos bienes supremos nos entregamos y con ellos estamos satisfechos, completos, afirmamos infinidad de veces nuestra existencia. Decimos tres veces sí a lo que contemplamos inciertamente porque no es comprendido. Pero es adorado y demasiado placentero.
Todos estos placeres allí reunidos son en gran parte, la consideración de tener presente el pensamiento de unidad como a priori. De saber que nada se encuentra solo y que no hay una percepción de abandono… mucho menos de muerte.
Este pensamiento elevado y muy natural se refiere a lo que queremos y perseguimos como bien supremo. El compartir quien eres, el dar y recibir, el ser íntegro, el ser honesto, el ser humilde. Este sentimiento de integridad provoca que las familias prevalezcan unidas, que lleguen a ser una especie exitosa.
Toda especie, en especial la humana, está conciente de su integridad con todas las cosas y de anular su percepción ficticia de abandono. De considerar al semejante como una imagen muy real de sí mismo. Es aquí cuando no hay un abismo entre lo oscuro y la verdad, cuando no existe el concepto “velo de maya” si no el conocimiento intuitivo: “considerar al espíritu puesto en todas las cosas”
De esta manera el individuo es libre, sabe que él mismo no significa nada. Que él, individuo como muchos, muere y es remplazado por otros. Que su existencia en un enorme universo no puede ser amenazada de ninguna manera. Pues este universo es espejo de sí mismo, de una voluntad que lo mantiene firme, con miedo, pero firme.
Así la conciencia elevada sabe de muchas y variadas formas que no puede morir, porque los muchos y miles de acontecimientos que suceden no van a detenerse cuando su cuerpo pare de funcionar.
Así, no es el individuo lo que importa, si no la especie. La idea del humano en conjunto. Pues el humano nace, trae sus genes al mundo y con esto asegura la especie. Su más grande objetivo que es como nunca desaparecer, pues el mismo es su pueblo.
…
El placer del sentimiento de integridad a todo lo conocido es lo que inconscientemente deleitamos y adoramos como “bien supremo”. Lo que buscamos y al momento de hacerlo conciente lo definimos como “espiritual”. De aquí que muchos sean capaces de sacrificarse por el bienestar del otro, es decir, de su especie. De lo que es él mismo viviendo en todos.
Hay un punto importante en esta reflexión, a saber: en un inmenso universo, con millones de estrellas y galaxias, y por lo tanto, acontecimientos de magnitudes extraordinarias como la explosión de una supernova o acciones más desapercibidas como la conversión de un elemento a otro. En un universo con miles de acciones que suceden a nuestro alrededor, ¿Por qué estamos tan seguros que nuestras muertes significan algo? Aún si la especie humana desapareciese, el cosmos seguiría siendo tan perfecto como siempre lo ha sido.
La muerte de un individuo es un acontecimiento. Algo que realmente ha sucedido como muchos eventos en donde por más que los consideremos insignificantes y pequeños, no pueden negarse que han pasado. Pues así los eventos más rápidos y más pequeños a nuestra percepción, como el desprendimiento de un electrón, no significan la desaparición, si no, en mejor término, la transformación. Asimismo, la muerte de una célula tampoco significa la completa desaparición del cuerpo, si no que por el contrario, es funcional y necesaria, algo muy natural. ¿Por qué entonces se teme a la muerte?
Es lo que se define como conocer lo incomprensible. Y de aquí nace nuestro miedo también, pues se ha convertido en una costumbre necesaria al instinto.
Así en conclusión, ver la vida (voluntad) en infinidad de expresiones, es reconocerte a ti mismo, y de la misma forma, tu existencia puesta en otros. O en el mejor de los casos para su comprensión: “En todo”.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Voluntad libre y sujeta (referencia: Nietzsche, Schopenhauer)
Podemos pensar que invariablemente, el humano necesita siempre un motivo para seguir en pie, pues bien, este motivo, en efecto, no es intencional.
Cada instinto parece ser que se activa como de manera autómata, de voluntad dependiente de una “ley”. Esta ley por experiencia, nos mantiene despiertos y con vida, aunque en muchos casos no sea deseada, se aferra por sí misma a lo que más conoce, su expresión de ser.
Sin hablar en detalles a lo que significa este ser, pues es inútil, toda la filosofía desde sus principios lo ha puesto en evidencia; bien, pues sin esta voluntad libre sujeta a la ley, este querer y no querer vivir al mismo tiempo, una es por la ley el querer vivir, la otra, por el razonar y evadir la ley, significa en todos los aspectos que sin su funcionalidad no habría por consiguiente ninguna manifestación ni existencia. Ninguna metafísica ni razón, ni un querer, y ninguna voluntad libre o sujeta. Por esto, no hay una voluntad libre, si no condicionada. Por esto los planetas se mantienen en órbita, como los componentes atómicos de la misma forma, por esto el hombre es conciente de sí mismo y se inventa infinidad de historias para alimentar sus dudas, que duda significa, razón sujeta a la ley, y por esto, toda respuesta y filosofía no está más que en segundos términos, una decoración de las percepciones, un velo de maya.
Los filósofos deberían de preguntarse, ¿por qué habríamos de preocuparnos por algo que esta predeterminado? ¿No son las manifestaciones de la ley algo obvio y predecible? Y si es predecible y ya significa una respuesta, ¿por qué seguimos buscando?
Todas estas cuestiones metafísicas no debieron de comenzar nunca, pero es como si dijese que existe la posibilidad de subsistir sin cabeza. Y por consiguiente, de ser nada de lo que el humano conoce y ha estado haciendo por siempre, ser un fenómeno en función de leyes que lo limitan, lo hacen pensar en una voluntad libre que lo hace dueño de sí mismo, de un individuo completamente responsable.
Pues bien, ninguna de estas opciones parece confiable, tan sujetos y dependientes estamos de las leyes que gobiernan nuestros instintos, como tan libres de escoger opciones e ideales. ¿Qué habremos de escoger? La plebe que culpa a un dios, o el responsable que se exige demasiado así mismo.
…
El destino de todos, es por ende, algo que ya está determinado. Sea por el individuo responsable de sus actos y su creencia en su voluntad libre, o por el que es débil y es victima de muchas circunstancias. Pues, algo que es realmente valioso en esta reflexión en particular, es que, como lo ha pensado Schopenhauer, el destino de la humanidad no es otra cosa que el tuyo y viceversa, el sufrimiento que se considera “ajeno” es de uno y de todos, y que por consiguiente, nuestros esfuerzos por superarnos no son en vano. Tampoco este deseo sujeto a la ley, de considerar al otro como todos y viceversa, es inútil, si no mejor, necesario, algo precisamente, más elevado. Que quede claro a los mexicanos.
Cada instinto parece ser que se activa como de manera autómata, de voluntad dependiente de una “ley”. Esta ley por experiencia, nos mantiene despiertos y con vida, aunque en muchos casos no sea deseada, se aferra por sí misma a lo que más conoce, su expresión de ser.
Sin hablar en detalles a lo que significa este ser, pues es inútil, toda la filosofía desde sus principios lo ha puesto en evidencia; bien, pues sin esta voluntad libre sujeta a la ley, este querer y no querer vivir al mismo tiempo, una es por la ley el querer vivir, la otra, por el razonar y evadir la ley, significa en todos los aspectos que sin su funcionalidad no habría por consiguiente ninguna manifestación ni existencia. Ninguna metafísica ni razón, ni un querer, y ninguna voluntad libre o sujeta. Por esto, no hay una voluntad libre, si no condicionada. Por esto los planetas se mantienen en órbita, como los componentes atómicos de la misma forma, por esto el hombre es conciente de sí mismo y se inventa infinidad de historias para alimentar sus dudas, que duda significa, razón sujeta a la ley, y por esto, toda respuesta y filosofía no está más que en segundos términos, una decoración de las percepciones, un velo de maya.
Los filósofos deberían de preguntarse, ¿por qué habríamos de preocuparnos por algo que esta predeterminado? ¿No son las manifestaciones de la ley algo obvio y predecible? Y si es predecible y ya significa una respuesta, ¿por qué seguimos buscando?
Todas estas cuestiones metafísicas no debieron de comenzar nunca, pero es como si dijese que existe la posibilidad de subsistir sin cabeza. Y por consiguiente, de ser nada de lo que el humano conoce y ha estado haciendo por siempre, ser un fenómeno en función de leyes que lo limitan, lo hacen pensar en una voluntad libre que lo hace dueño de sí mismo, de un individuo completamente responsable.
Pues bien, ninguna de estas opciones parece confiable, tan sujetos y dependientes estamos de las leyes que gobiernan nuestros instintos, como tan libres de escoger opciones e ideales. ¿Qué habremos de escoger? La plebe que culpa a un dios, o el responsable que se exige demasiado así mismo.
…
El destino de todos, es por ende, algo que ya está determinado. Sea por el individuo responsable de sus actos y su creencia en su voluntad libre, o por el que es débil y es victima de muchas circunstancias. Pues, algo que es realmente valioso en esta reflexión en particular, es que, como lo ha pensado Schopenhauer, el destino de la humanidad no es otra cosa que el tuyo y viceversa, el sufrimiento que se considera “ajeno” es de uno y de todos, y que por consiguiente, nuestros esfuerzos por superarnos no son en vano. Tampoco este deseo sujeto a la ley, de considerar al otro como todos y viceversa, es inútil, si no mejor, necesario, algo precisamente, más elevado. Que quede claro a los mexicanos.
lunes, 19 de julio de 2010
De la creencia
Se dice que el poder de una idea incrementa o decrece de acuerdo a tu capacidad de voluntad para afirmarla o negarla.
La afirmación de una idea en cuanto a que pueda ser posible o manifestada depende de la experiencia del individuo, como ha sido expresado por el platonismo “no hay nada real que no haya estado antes en tus sentidos”
Y esto significa para mi punto de vista, que las vivencias del espíritu se manifiestan como ideas, es decir, de lo real en tus sentidos, a las ideas, y éstas ideas eventualmente se convierten en creencias.
Mas una creencia es una completa afirmación de la idea en cuanto a que ésta se relaciona con el mundo material. Así la creencia por ejemplo, en un objeto con facultades divinas, es real a razón de que el objeto pertenece al mundo material, mientras que sus poderes ficticios pertenecen a la idea de su creencia. De esta forma su poder es real simplemente porque se ha afirmado la idea, la pregunta es ¿pueden ser todas las ideas reales? Es cualquier idea una creencia?
El poder de la voluntad a la afirmación de la idea es real independientemente de su estado en el mundo material. Si la idea se convierte en una creencia, difícilmente puede ser negada a menos que el individuo por su voluntad así lo crea. De esta forma el trauma posterior por la pérdida de un ser querido puede expresarse como la negación de la muerte del individuo, creyendo firmemente como una negación del evento, que éste sigue vivo, y que sólo la voluntad del individuo en la firmeza de su afirmación puede cambiar la idea, y por lo tanto, su percepción de lo “real”.
De esta manera también, el optimista puede creer por todos los medios en sus ideas de manera en que éste mundo metafísico sea su realidad a razón de que su creencia es protegida por su voluntad. Así las guerras, injusticias y miles de males existentes en el mundo no significan otra cosa más que la presencia de su actividad mental. Y ésta puede ser en mi caso, que todas estas cosas que se consideran “males” significan sólo actos humanos respaldados por sus creencias. Así una idea se justifica por su relación con el mundo y ésta es real porque así se ha querido.
Las creencias en la conciencia varían únicamente por su atención a una idea o a otra. De esta manera tu filosofía puede ser pesimista y fatalista o en el mejor de los casos, lo más razonable posible. Aunque cualquiera de estos adjetivos son reales simplemente porque se ha afirmado la creencia.
Y de la misma forma el mundo es concebido como una “creación de Dios” en el caso del cristianismo o cualquier religión, y esto es completamente real porque la idea ha sido afirmada y se ha convertido de posibilidad, a presencia material.
Aquí se presenta una predisposición mental por creer firmemente en la idea olvidando el mundo terrenal. Como cuando el individuo siente temor por algo y la intensidad aumenta cada vez que la idea se presenta. Mas esto significa primeramente, que tu voluntad quiere que la idea te haga sentir temor, y segundo, que la idea es real porque tu voluntad así lo quiere.
De aquí la afirmación cristiana : “la fe mueve montañas” pues significa el mismo ejemplo anterior de la idea del temor. A saber: la montaña puede ser movida de la misma manera en que el temor por algo aumenta cuando tu completa voluntad está inmersa en la creencia.
La afirmación de una idea en cuanto a que pueda ser posible o manifestada depende de la experiencia del individuo, como ha sido expresado por el platonismo “no hay nada real que no haya estado antes en tus sentidos”
Y esto significa para mi punto de vista, que las vivencias del espíritu se manifiestan como ideas, es decir, de lo real en tus sentidos, a las ideas, y éstas ideas eventualmente se convierten en creencias.
Mas una creencia es una completa afirmación de la idea en cuanto a que ésta se relaciona con el mundo material. Así la creencia por ejemplo, en un objeto con facultades divinas, es real a razón de que el objeto pertenece al mundo material, mientras que sus poderes ficticios pertenecen a la idea de su creencia. De esta forma su poder es real simplemente porque se ha afirmado la idea, la pregunta es ¿pueden ser todas las ideas reales? Es cualquier idea una creencia?
El poder de la voluntad a la afirmación de la idea es real independientemente de su estado en el mundo material. Si la idea se convierte en una creencia, difícilmente puede ser negada a menos que el individuo por su voluntad así lo crea. De esta forma el trauma posterior por la pérdida de un ser querido puede expresarse como la negación de la muerte del individuo, creyendo firmemente como una negación del evento, que éste sigue vivo, y que sólo la voluntad del individuo en la firmeza de su afirmación puede cambiar la idea, y por lo tanto, su percepción de lo “real”.
De esta manera también, el optimista puede creer por todos los medios en sus ideas de manera en que éste mundo metafísico sea su realidad a razón de que su creencia es protegida por su voluntad. Así las guerras, injusticias y miles de males existentes en el mundo no significan otra cosa más que la presencia de su actividad mental. Y ésta puede ser en mi caso, que todas estas cosas que se consideran “males” significan sólo actos humanos respaldados por sus creencias. Así una idea se justifica por su relación con el mundo y ésta es real porque así se ha querido.
Las creencias en la conciencia varían únicamente por su atención a una idea o a otra. De esta manera tu filosofía puede ser pesimista y fatalista o en el mejor de los casos, lo más razonable posible. Aunque cualquiera de estos adjetivos son reales simplemente porque se ha afirmado la creencia.
Y de la misma forma el mundo es concebido como una “creación de Dios” en el caso del cristianismo o cualquier religión, y esto es completamente real porque la idea ha sido afirmada y se ha convertido de posibilidad, a presencia material.
Aquí se presenta una predisposición mental por creer firmemente en la idea olvidando el mundo terrenal. Como cuando el individuo siente temor por algo y la intensidad aumenta cada vez que la idea se presenta. Mas esto significa primeramente, que tu voluntad quiere que la idea te haga sentir temor, y segundo, que la idea es real porque tu voluntad así lo quiere.
De aquí la afirmación cristiana : “la fe mueve montañas” pues significa el mismo ejemplo anterior de la idea del temor. A saber: la montaña puede ser movida de la misma manera en que el temor por algo aumenta cuando tu completa voluntad está inmersa en la creencia.
viernes, 16 de julio de 2010
Ley de los contrarios
Así como dice Spinoza: “El día demuestra, a la vez que su propia existencia, la noche” pues cualquier existencia manifestada presupone su contrario, y de esta forma se cumple la razón de ser.
Es certero saber que cualquier aprendizaje es posible si éste funciona por sus causas contrarias y esto significa en su forma más general, que el significado de las cosas que percibe la conciencia están definidas en sus muchas características que inmediatamente de acuerdo a su percepción son reflejadas a su existencia. Esto es, por ejemplo, las cosas que se pueden ver, funcionan de acuerdo a la luz reflejada y la capacidad del órgano (vista) de hacer que esto sea posible, mas si uno de estos factores es deficiente no sería posible un entendimiento de las formas del objeto ni su posición en un determinado espacio.
Si reflexionamos en cuanto a la ausencia de uno de estos factores podríamos diferir que uno depende del otro, pues ¿que sería de la vista en la ausencia completa de luz? Y ¿que sería de la música en la ausencia de intervalos de silencio? Eso se define como una armonía. Tanto como el dolor es posible si antes no hubiese permanecido en otro estado.
Por consiguiente, cualquier objeto sufre variaciones en su estado a razón de que esta posibilidad está relacionada directamente con su anterior posición, aunque éste objeto sea una emoción humana. Así el dolor es al placer, como la vista en su armonía de oscuridad y luz, como la muerte al nacimiento etc. Y así cualquier presencia es posible porque ella misma significa una armonía o balance.
Una cosa es conocida como una armonía de sus cualidades, sin embargo, el proceso mental de percepción es tan rápido, que éstas características de contrarios difícilmente son captados en su forma individual, mostrando al que conoce sólo la forma más completa del objeto, que es el completo balance de factores o la unión de sus cualidades.
Así la naturaleza de cualquier ser es conocido simplemente como el es, o en la naturaleza humana como vimos anteriormente, “yo soy el que soy” la unión de sustancias, producto de una armonía de cualidades, que sin sus contrarios, imposibilitan su existencia.
Cabe mencionar que ésta intuición es de acuerdo al plano material, es decir, nuestra percepción del mundo y lo que cabe dentro de nuestra conciencia, pues la ausencia total de todo esto es el vacío, y esto significa un conocimiento inexplicable en función de la razón, por lo tanto, evitaré explicarlo.
Es certero saber que cualquier aprendizaje es posible si éste funciona por sus causas contrarias y esto significa en su forma más general, que el significado de las cosas que percibe la conciencia están definidas en sus muchas características que inmediatamente de acuerdo a su percepción son reflejadas a su existencia. Esto es, por ejemplo, las cosas que se pueden ver, funcionan de acuerdo a la luz reflejada y la capacidad del órgano (vista) de hacer que esto sea posible, mas si uno de estos factores es deficiente no sería posible un entendimiento de las formas del objeto ni su posición en un determinado espacio.
Si reflexionamos en cuanto a la ausencia de uno de estos factores podríamos diferir que uno depende del otro, pues ¿que sería de la vista en la ausencia completa de luz? Y ¿que sería de la música en la ausencia de intervalos de silencio? Eso se define como una armonía. Tanto como el dolor es posible si antes no hubiese permanecido en otro estado.
Por consiguiente, cualquier objeto sufre variaciones en su estado a razón de que esta posibilidad está relacionada directamente con su anterior posición, aunque éste objeto sea una emoción humana. Así el dolor es al placer, como la vista en su armonía de oscuridad y luz, como la muerte al nacimiento etc. Y así cualquier presencia es posible porque ella misma significa una armonía o balance.
Una cosa es conocida como una armonía de sus cualidades, sin embargo, el proceso mental de percepción es tan rápido, que éstas características de contrarios difícilmente son captados en su forma individual, mostrando al que conoce sólo la forma más completa del objeto, que es el completo balance de factores o la unión de sus cualidades.
Así la naturaleza de cualquier ser es conocido simplemente como el es, o en la naturaleza humana como vimos anteriormente, “yo soy el que soy” la unión de sustancias, producto de una armonía de cualidades, que sin sus contrarios, imposibilitan su existencia.
Cabe mencionar que ésta intuición es de acuerdo al plano material, es decir, nuestra percepción del mundo y lo que cabe dentro de nuestra conciencia, pues la ausencia total de todo esto es el vacío, y esto significa un conocimiento inexplicable en función de la razón, por lo tanto, evitaré explicarlo.
sábado, 5 de junio de 2010
Metafísica
Hemos hablado de la identidad como la manera más trivial que el humano comprende acerca de sí mismo, es decir, su “yo”. Y que esta identidad está compuesta del deseo del hombre por su “ llegar a ser ” o por el porvenir de su estado humano. Tal estado ficticio del futuro, o propiamente hablando, la función de la imaginación, es el enlazamiento de ideas que los sentidos han percibido.
Todas las posibilidades presentes de lo que se considera real y por haber, representan una infinidad de ideas que enlazadas conforman un concepto que el individuo percibe como recuerdos, sueños, sensaciones etc. Por lo tanto, la imaginación percibe su porvenir con todas estas ideas que Hume las llama: “impresiones” que es el significado de todo lo percibido y real.
La imaginación y el enlazamiento de dichas ideas o impresiones son todas las posibilidades que están presentes, fueron pasadas y estarán futuras, de acuerdo a nuestro juicio del tiempo.
De esta forma, tu identidad ha sido lo que siempre has querido ser y hasta que límites has deseado llegar. Esta es la identidad de cualquier individuo, y su representación de la misma manera, es decir, lo que las miradas perciben acerca de tu condición.
Con esto se presenta una de las condiciones más humanas y esenciales, a saber: el juicio. Pues, ¿qué sería de un hombre sin imaginación? No tendría noción de su identidad ni de su cuerpo y sus afirmaciones, mucho menos, de sus juicios. Y ¿qué sería de un hombre sin juicios? Sería incapaz de juzgar lo que le es conveniente para sobrevivir, en cosas tan prácticas como reconocer el alimento que se ingiere, diferenciar los colores y olores, hasta los pasos que da para llegar al determinado lugar. El juicio es supervivencia, es humanismo. De la misma forma Kant comentaría que sin juicios a priori sería imposible el funcionamiento mental, y por consiguiente, la identidad que considera el humano.
…
Vayamos al principio metafísico que cualquier hombre es capaz de intuir. Y esto es: los posibles resultados que un hombre puede esperar, son su capacidad de imaginación. (entiéndase por imaginación también la razón, que une conceptos para el entendimiento) y su imaginación es real a razón de su experiencia, que ésta nos revela las consecuencias de la causa y viceversa. Así un hombre, por ejemplo, puede diferir la capacidad del fuego y lo que este hace con el agua, su caminar, su respiración, sus preguntas y sus posibles resultados a razón de que todas estas cosas son conocidas, y que sólo por esto, hay resultados. Como el proverbio que dice:“ Para todo aquel que ha nacido, abandonad toda esperanza” “No hay nada real, que no haya estado antes en las ideas y viceversa”
Así la física cuántica, química, matemáticas, construcciones de ingeniería, creación literaria y de música, etc. Son posibles debido a la imaginación y el enlazamiento de ideas y conceptos que son expresados de acuerdo a la consideración de tu estado, de tu identidad.
De aquí que las obras de cada uno sean expresadas de acuerdo a su manera, ya sea una pintura, una canción, la resolución de una ecuación, la filosofía y propiamente hablando, las realidades de los metafísicos. Para mi punto de vista, metafísica es la realidad libre, la que no espera un dos ni un tres, tampoco una armonía musical ni un entendimiento de la antimateria y su efecto con el protón. Asimismo, tampoco espera un dios y su relación con el mundo (religiones mal interpretadas). Son los conocimientos que relativamente cambian de acuerdo a la identidad del hombre que es propietario de sus principios, de sus ideas y su capacidad de imaginación. De aquí que la identidad considere el mundo espiritual como la realidad que los sentidos han percibido y lo han convertido en ideas y posibilidades y la capacidad de la mente en buscar lo que al individuo particularmente le interesa.
De la misma forma, estoy conciente que tanto al metafísico, como al que estudia la naturaleza y los animales, el que es caritativo, el criminal, el sabio, el matemático, el músico, el escritor de novelas, el ingeniero, el abogado, el hedonista, y todas las características humanas y ciencias presentes y por haber, hasta las mismas galaxias y nebulosas, representan todas lo mismo.
Aunque he de admitir, que éstos conocimientos parecen tan oscuros para el que no los comprende, que me es fácil estar de acuerdo con la historia de Nietzsche (humano demasiado humano- mundo metafísico) ésta menciona los conocimientos filosóficos, tanto como la presente obra, como una manera tan poco práctica de afrontar las dificultades triviales en la vida de un ser humano. Esta dice así:
La referida posibilidad subsiste siempre; pero de ella no se puede sacar nada, salvo que se quiera hacer depender la felicidad, la salud y la vida de los hilos de araña de semejante posibilidad. Puesto que no se puede explicar nada del mundo metafísico, sino que es diferente de nosotros, diferencia que nos es inaccesible, incomprensible, sería una cosa de atributos negativos. La existencia de semejante mundo, aun cuando fuese lo mejor probado, nos dejaría establecido que su conocimiento es entre todos los conocimientos el menos importante; es más indiferente para nosotros todavía que para el navegante, en medio de una tempestad, el conocimiento del análisis químico del agua.
Todas las posibilidades presentes de lo que se considera real y por haber, representan una infinidad de ideas que enlazadas conforman un concepto que el individuo percibe como recuerdos, sueños, sensaciones etc. Por lo tanto, la imaginación percibe su porvenir con todas estas ideas que Hume las llama: “impresiones” que es el significado de todo lo percibido y real.
La imaginación y el enlazamiento de dichas ideas o impresiones son todas las posibilidades que están presentes, fueron pasadas y estarán futuras, de acuerdo a nuestro juicio del tiempo.
De esta forma, tu identidad ha sido lo que siempre has querido ser y hasta que límites has deseado llegar. Esta es la identidad de cualquier individuo, y su representación de la misma manera, es decir, lo que las miradas perciben acerca de tu condición.
Con esto se presenta una de las condiciones más humanas y esenciales, a saber: el juicio. Pues, ¿qué sería de un hombre sin imaginación? No tendría noción de su identidad ni de su cuerpo y sus afirmaciones, mucho menos, de sus juicios. Y ¿qué sería de un hombre sin juicios? Sería incapaz de juzgar lo que le es conveniente para sobrevivir, en cosas tan prácticas como reconocer el alimento que se ingiere, diferenciar los colores y olores, hasta los pasos que da para llegar al determinado lugar. El juicio es supervivencia, es humanismo. De la misma forma Kant comentaría que sin juicios a priori sería imposible el funcionamiento mental, y por consiguiente, la identidad que considera el humano.
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Vayamos al principio metafísico que cualquier hombre es capaz de intuir. Y esto es: los posibles resultados que un hombre puede esperar, son su capacidad de imaginación. (entiéndase por imaginación también la razón, que une conceptos para el entendimiento) y su imaginación es real a razón de su experiencia, que ésta nos revela las consecuencias de la causa y viceversa. Así un hombre, por ejemplo, puede diferir la capacidad del fuego y lo que este hace con el agua, su caminar, su respiración, sus preguntas y sus posibles resultados a razón de que todas estas cosas son conocidas, y que sólo por esto, hay resultados. Como el proverbio que dice:“ Para todo aquel que ha nacido, abandonad toda esperanza” “No hay nada real, que no haya estado antes en las ideas y viceversa”
Así la física cuántica, química, matemáticas, construcciones de ingeniería, creación literaria y de música, etc. Son posibles debido a la imaginación y el enlazamiento de ideas y conceptos que son expresados de acuerdo a la consideración de tu estado, de tu identidad.
De aquí que las obras de cada uno sean expresadas de acuerdo a su manera, ya sea una pintura, una canción, la resolución de una ecuación, la filosofía y propiamente hablando, las realidades de los metafísicos. Para mi punto de vista, metafísica es la realidad libre, la que no espera un dos ni un tres, tampoco una armonía musical ni un entendimiento de la antimateria y su efecto con el protón. Asimismo, tampoco espera un dios y su relación con el mundo (religiones mal interpretadas). Son los conocimientos que relativamente cambian de acuerdo a la identidad del hombre que es propietario de sus principios, de sus ideas y su capacidad de imaginación. De aquí que la identidad considere el mundo espiritual como la realidad que los sentidos han percibido y lo han convertido en ideas y posibilidades y la capacidad de la mente en buscar lo que al individuo particularmente le interesa.
De la misma forma, estoy conciente que tanto al metafísico, como al que estudia la naturaleza y los animales, el que es caritativo, el criminal, el sabio, el matemático, el músico, el escritor de novelas, el ingeniero, el abogado, el hedonista, y todas las características humanas y ciencias presentes y por haber, hasta las mismas galaxias y nebulosas, representan todas lo mismo.
Aunque he de admitir, que éstos conocimientos parecen tan oscuros para el que no los comprende, que me es fácil estar de acuerdo con la historia de Nietzsche (humano demasiado humano- mundo metafísico) ésta menciona los conocimientos filosóficos, tanto como la presente obra, como una manera tan poco práctica de afrontar las dificultades triviales en la vida de un ser humano. Esta dice así:
La referida posibilidad subsiste siempre; pero de ella no se puede sacar nada, salvo que se quiera hacer depender la felicidad, la salud y la vida de los hilos de araña de semejante posibilidad. Puesto que no se puede explicar nada del mundo metafísico, sino que es diferente de nosotros, diferencia que nos es inaccesible, incomprensible, sería una cosa de atributos negativos. La existencia de semejante mundo, aun cuando fuese lo mejor probado, nos dejaría establecido que su conocimiento es entre todos los conocimientos el menos importante; es más indiferente para nosotros todavía que para el navegante, en medio de una tempestad, el conocimiento del análisis químico del agua.
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