jueves, 11 de marzo de 2010

Observación 83

Después de afirmar nuestra condición humana, que es entregarte por completo a las leyes universales como la ley de supervivencia, y afrontar tus pensamientos que están completamente ligados con la ley, tales como las necesidades más triviales como el comer, el dormir, desear un poder ilusorio, necesidades de afecto, de pertenencia, de auto realización y satisfacción, etc. Cuando te haz entregado a tu humanismo, la opción más sensata es llevarlo hasta los límites. Es decir, ser completamente humano. Aunque, parece ser, que cualquier ser también ha de entregarse al mundo espiritual, lo busca y lo desea la mayor parte del tiempo de forma inconsciente. Así de esta manera el humano está entregado a la vida de la tierra y sus consecuencias, y por otra parte, su conciencia tiene la idea trascendental. La idea fundamental que es, como ya lo he mencionado, que a pesar de que nos consideremos los unos a los otros ajenos, tenemos como idea matriz o como un presentimiento, que somos naturaleza. Y ésta naturaleza es eterna, nunca se detiene, nunca cesa de funcionar. De esta manera cualquier conciencia percibe al espíritu como inmortal, y de esta manera te reconoces a ti mismo como inmortal. Así que, si somos naturaleza y por lo tanto inmortales, es sensato preguntar ¿podemos no ser naturaleza? ¿Podemos dejar de funcionar por las leyes universales? ¿Podemos suprimir la ley de supervivencia? Y mi respuesta es que: el humano tiene en sí la inquietud de parar todo este sistema sólo que no encuentra la manera de hacerlo. Como un ejemplo muy común sería dejar de pensar por un momento y entregarte al completo silencio, o querer no vivir en momentos desesperados como el tener hambre o alcanzar la locura por una mente atormentada a causa del principio de razón, o perder a alguien por causa de actos inconscientes. Todo esto nos lleva a decir: verdaderamente la paz no es necesaria, sino indispensable. De esta forma el más humano siente la necesidad de entregarse al mundo espiritual y desear un cambio en la conciencia, un cambio del poder ilusorio al vacío. De esta forma también, cualquier filósofo dice siempre lo mismo, la idea matriz que es una explicación por principio de razón de nuestra condición como humanos, nuestros actos, nuestra esencia etc. De esta manera Parménides, Sócrates, platón, Aristóteles, Pitágoras, Descartes, Spinoza, Leibniz, Hobbes, Locke, Hume, Kierkergard, Kant, Schopenhauer, Nietszche, por mencionar sólo algunos, tienen exactamente las mismas intuiciones con pequeñas variaciones. Por consecuente, cualquier ser, hablando propiamente del humano, desea su trascendencia usando sus más comunes herramientas como el intelecto, la sensibilidad, la experiencia etc. A saber: cualquier ser se encamina a la paz, al vacío. La respuesta de cualquier pensador se resume en encontrar el vacío en su experiencia. En ser por completo con toda voluntad y conciencia, la cosa en sí, que es el vacío y el mundo espiritual. Pero a razón de esta experiencia, sólo el individuo conoce sus capacidades y sus límites, sólo la conciencia en su fenómeno (humano), se conoce así misma. Por eso mi experiencia y filosofía son tan diferentes de las otras conciencias a no ser que pretendemos responder las mismas preguntas. Por consecuente, el mundo espiritual es propio de cada conciencia, y cada conciencia tiene la respuesta de poder estar inmerso en él. Cada ser es un mundo espiritual, empezando desde las plantas y animales o cualquier ser vivo; Cada ser es una palpitación del corazón del universo.
De esta forma, cualquier ser con vida es tan importante como todo el cosmos y sus leyes lo son, de esta forma el dios tan distante de las religiones se convierte en una planta, en agua, en galaxias, en cualquier átomo, en amor y en muerte, en valor y aceptación de la vida, en negación de la vida, en uno en todos y todos en uno. De esta forma los contrarios son inseparables; ya hablaremos de esto en el siguiente capítulo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

De la educación

Así como lo pensó Hume: “Un buen lógico sería de alguna forma, un buen filósofo y por lo tanto, un espíritu que busca la verdad por sí mismo. Pero en cuanto a cuestionar la religión o la cultura, no sería en absoluto, un buen ciudadano” Pero ¿No es un buen ciudadano aquel que tiene ideas nuevas?
¿Que es la cultura si no es la adopción por el paso del tiempo ilusorio de las costumbres? que no son más que representación de principio de razón, como si fuesen monotonías mentales.

Mi respuesta es que la cultura es adopción de costumbres establecidas. Un hombre conciente busca su verdad, sabe que le son necesarios sus hermanos, mas no depende de ellos por completo, porque el es su verdad y por lo tanto, el todo, la representación de sí mismo.
Por esto razón el hombre conciente no busca algo más grande que el mayor conocimiento, su poder espiritual, el conocimiento de sí mismo, pues ¿No es el conocimiento de tu poder lo único suficiente para estar en verdadera paz? ¿No es la absoluta paz el don del superhombre?
Tanto la cultura como cualquier manifestación humana no son sino una recolección de datos a través del tiempo, actuando como una monotonía mental.
La educación presente en cualquier país repite lo que ya se ha dicho una y otra vez en generaciones pasadas y tal vez futuras, a saber: la educación en las próximas generaciones deberá tener presente que las costumbres establecidas no son de ninguna manera una forma de encontrar la verdad que es buscada por hombres concientes. Pues esto es de alguna forma, domesticar al humano con conocimientos que el mismo no comprende pero que sin embargo, son aceptados. ¿Por qué es la aceptación? Porque la cultura (Que es monotonía mental) es aceptada por el individuo como una forma de reconocerse a sí mismo, es decir, que el individuo que ha nacido y crecido intelectualmente en un lugar está obligado a aceptar su tierra o por miedo a ser expulsado, o por miedo a perder sus placeres, que por memoria recuerda haberlos vivido en el sitio particular. Así que por necesidad el individuo acepta su cultura y por lo tanto, su educación. De esta manera el humano es domesticado para hacer lo que está establecido y se considera correcto. Pero ¿Qué es lo correcto? ¿No es el conocimiento de ti mismo por intuición lo único suficiente? ¿No deberá de ser en estos días la educación del humano, el aprendizaje de su poder espiritual?
Es difícil para el humano que ha sido domesticado por sus antepasados, deshacerse de esta educación porque la mente acepta siempre lo que le es conveniente para su supervivencia. Como una obediencia de la mente, a la ley de supervivencia, ésta acepta los principios aprendidos de cualquier forma para fomentarse así mismo sus placeres, que son su vida. De esta manera la educación ha sido siempre, enseñar lo que es más humano, nuestra herencia que es humanismo, y el humanismo comprende la recolección de datos para afrontar la vida apagando sus placeres en cualquier momento (desde la infancia hasta su muerte)
De esta manera, la educación deber ser renovada primeramente, en fomentar al nuevo individuo el aprendizaje por sí mismo de sus miedos, fortalezas y virtudes, gustos, pasiones etc. No por medios ajenos aprende, si no por sí mismo. Esto sería ser sólo un guía para el que educa, pero jamás dar la imagen de ser un ejemplo a seguir. Pues ¿cómo puedes tener un ejemplo humano a seguir si no conoce más que su propio humanismo? Más aún, la educación debe promover como si fuese la más grande novedad y el más alto progreso de la humanidad, el reconocimiento bajo cualquier circunstancia del mundo espiritual, que es el vacío y lo que la metafísica concibe como la cosa en sí
Esto es posible si el individuo se le ha educado de forma correcta, que posiblemente sea enseñar al individuo a ser el su propio dueño, su propio dios, y su propio ejemplo a seguir. Sería entonces, la perfecta manifestación del ser, la perfecta expresión de sí mismo. Que es perfecta en el conocimiento del individuo, a saber: que él es ese poder inmanifiesto que percibe, ese poder que lo aterra por su magnificiencia y lo tranquiliza en todas sus meditaciones, esa fuerza tan grande que acelera el corazón y expande los pulmones; Esta fuerza no es pensamiento, si no el observador que se percibe como algo completamente estático y aterrador por su gran poder, el que observa a la voz que continuamente nos distrae, el pensamiento.

martes, 23 de febrero de 2010

De la identidad

Para la condición del humano no hay mejor opción que afrontar esta realidad interior que es conciencia, independientemente de la respuesta más buscada que es el mundo que cualquier hombre espera y que no es más que un mejor bienestar, pues cualquier argumento ya sea comprobado o no, tal y como lo hace la ciencia y su metodología, han de buscan el bienestar; pues hemos de reflexionar, que la seguridad para esta conciencia y este mundo tan absoluto que todos deseamos y que sin embargo, somos ese mundo y representamos ese mundo, no significa nada si no es el bienestar del porvenir que es la seguridad del individuo por la verosimilitud en su facultad de conocer.
Así nos preguntamos como la reflexión inmortal de Shopenhauer: “el hombre es y representa, quien quiere llegar a ser” pero esto significa que conocemos nuestra identidad, más ¿No es nuestra identidad, ése “yo” tan exigente que supone una infinidad de respuestas absurdas? ¿No es una respuesta, sin importar su jerarquía de importancia, la seguridad del individuo por argumentar sus hipótesis de manera en que pueda decir con certeza: ¡mi existencia se justifica!?

Las percepciones que consideramos reales, son producto de razón e imaginación, que es el hombre, y por lo tanto, es como si dijera que el individuo puede llegar a ser tal y como su capacidad de imaginación se lo permite, pero imaginación es identidad del hombre, así que no habremos de salir, nosotros espíritus libres, de esta desgracia limitada de nuestras posibilidades de la conciencia.

Así que, decir “yo” es lo que esperas llegar a ser, pero lo que esperas llegar a ser no es una condición fuera del humanismo, por más extraordinaria que sea ésta, es una realidad del “yo”, que está limitada en relación a las posibilidades de la conciencia. Más nunca fuera de ésta, a menos que llegue su fin.
Tal es la invención de las mitologías ancestrales y la religión de nuestros días, que actúan como un reflejo del “yo” a lo que se espera llegar a ser. Tanto como la filosofía lo desea, pues la razón del hombre siempre ha de buscar respuestas y actuar, muchas veces de forma inconsciente como gritando con júbilo: ¡yo soy esa elevación!, esa libertad, esa creación de la imaginación que considera al yo, como el porvenir de su estado humano. Más ese “yo” presente en cualquier momento, no es ni espera un estado mejor, pues no hemos de salir de nuestra condición que la ciencia y la filosofía llama: “hombre” y que el espíritu individual concibe como “yo”.

jueves, 18 de febrero de 2010

Séptimo principio

Parece ser que la experiencia de ser humano nos lleva a pensar e imaginar cualquier cosa posible, esto es, precisamente, una recolección de datos por principio de razón.
La conciencia percibe su realidad (causalidad del objeto a razón del tiempo y el espacio) en cualquier momento, es decir, los sueños tanto como la imaginación son una manera de representar la realidad tal cual como es.
La imaginación no es diferente a la realidad, si no que es la misma percepción de la causalidad cuando no se imagina. Por esta razón somos ingenuos al decir: un sueño es simplemente un sueño y es independiente de mi realidad. Pero, si pensamos agudamente, podemos observar que cualquier sueño es representación de la realidad. Cualquier concepto en tu imaginación es representación de tu intuición por principio de razón, como si la conciencia estuviese despierta todo el tiempo. Tanto lo que es real cuando estás despierto a cuando estás dormido, es exactamente lo mismo, intuición de la causalidad por principio de razón.
Asi que, ¿Cuál es la diferencia entre lo real y el sueño? Ninguna.
¿Qué es entonces la ilusión, si los sueños están hechos del mismo material que tu percepción por razón?
La parte más sublime del humano se limita a contestar estas preguntas, pues no es posible responderlas por razón. Es por esto, que la historia de la metafísica y los pensamientos más brillantes no han podido contestar ¿Qué es el ser? ¿Qué es lo real si es intuición del sujeto o presencia del objeto? ¿No es el devenir del ser lo absoluto?
El más humano cumple su función en el mundo; Como si fuese una hormiga trabajando en su hormiguero en conjunto con las demás. Pues principio de razón es su trabajo, y su percepción por éste, su mundo (su hormiguero).
El más humano no tiene conocimiento de un mundo espiritual, porque el principio de razón es su única alternativa, su única opción.
Parece ser que de alguna forma esto nos lleva a la inocencia, a la ingenuidad. Parece ser que dentro de nuestra condición humana, somos inocentes.
Este es el séptimo principio de amor a nosotros mismos.

Tercer principio

“El devenir del sufrimiento es el placer y viceversa” Aquél que ha sufrido pérdidas, ha de saber ya que tiene su regalo en el mundo del espíritu. Aquel que ha sido tratado por una persona inconsciente, ha de saber que tiene su introducción al mundo del espíritu. Aquel que carece de lo necesario, debe de saber ya, que tiene su regalo en el dios vivo. El que ha dado su vida por sus amigos, debe de saber ya, que se ha comportado como un dios. “No hay nada más grande que morir por un ideal, no hay algo más grande que dar tu vida por los que quieres”
Este es el tercer principio de amor a nosotros mismos.

domingo, 14 de febrero de 2010

Observación 54

A través del tiempo caemos en razón de tal manera que nuestros pensamientos se convierten en consecuencias por una impresión o vivencia pasada. Esto quiere decir que nuestra conciencia se forma de manera progresiva de acuerdo a cada experiencia vivida.
La perfección de la conciencia evoluciona por el tiempo ilusorio. Es decir, cada experiencia o segundo espiritual eleva la sensibilidad del individuo haciendo que la verdad en la conciencia cambie constantemente.
De acuerdo a este razonamiento, el individuo despierto espiritualmente está escogido por sí mismo para ser el superhombre en donde cada experiencia vivida es un despertar más para sí.
A razón de su sensibilidad, este superhombre experimenta el placer y el dolor al extremo.
Este individuo ha muerto antes de morir para volver a nacer en sus experiencias continuamente. Está en un continuo ciclo por la ley de los contrarios. Él comprende este ciclo, por esta razón, el comprende el sufrimiento.
El sufrimiento es para sí, una experiencia espiritual que eleva su sensibilidad. El sufrimiento en cualquier experiencia es una herramienta para la comprensión de su nirvana. Pues se sabe que el cuerpo es su energía manifiesta, mientras que su sensibilidad espiritual es su vacío o silencio en la conciencia que es apercibido. Comprende su sensibilidad, así como su sufrimiento en cualquier experiencia. De esta manera, no hay alguna diferencia entre el sufrimiento y el placer. Sólo existe su sensibilidad espiritual, su mundo del espíritu.
Las realidades están ligadas por sucesos históricos creadas por nuestra libertad y voluntad, y es a través de esta historia, que el hombre adquiere el auto conocimiento por placeres y sufrimientos, dudas y respuestas, razonamientos e instintos, carencias y abundancia. Es decir, la perfección de la conciencia se determina en parte por dichos sucesos, cada uno consecuencia de otro.
Y estas experiencias o impresiones en la conciencia de acuerdo a su capacidad de apercepción definen la realidad del individuo así como al mismo individuo.
Las experiencias espirituales elevan la capacidad de la conciencia de soportar el sufrimiento y vivirlo con intensidad, así como también el placer físico, que es detonado por una causa mental, pues las experiencias mas fuertes y poderosas, suceden en la mente.
El hombre despierto está destinado a vivir con intensidad, pues tal es el poder de su sensibilidad que no puede ser corrompida. El hombre despierto ha experimentado la muerte ilusoria, la ha eliminado de su conciencia, y ha vuelto a nacer.

sábado, 13 de febrero de 2010

Observación 80

“El espíritu reconoce lo que es suyo” esto significa que la naturaleza del individuo busca por todos los medios su relación con otras conciencias, es por esto, que las relaciones sociales parecen ser tan importantes como lo es el oxígeno a la combustión de materia.
La conciencia percibe intuitivamente su igualdad con las expresiones de conciencia que la mente por principio de razón las considera ajenas; Pero han de saber ya, que esta misma conciencia está en completa unión con su fuente, y su fuente, es la expresión de la conciencia colectiva.
Esto quiere decir que la expresión de todas las formas de vida conforman una entidad con su fuente del cual provino, hablando de una manera material, el mismo planeta representa esa fuente. Y éste, con la galaxia, y así infinitamente las cosas se unen para formar unidades.
Esta fuerza de unión representa la maximización de sí misma creando lo que se conoce por sentidos y razón, es decir, la materia o lo existente dentro del plano sensitivo.
A saber: a mi forma de intuir, puedo concluir que en el plano sensitivo en el cual estamos todo el tiempo y que en esta percepción se definen las cosas tal cual como son, parece ser que se asemeja a una esfera, y que dentro de esta esfera no podemos ver más allá de nuestro sentidos, pues todo lo que pensamos y hacemos es una forma conocida que la expresión de la conciencia lo tiene ya escrito en sí.
Así de esta forma, nada nos puede parecer extraño porque cualquier acción o pensamiento está dentro de esta esfera de posibilidades, dentro de lo que la conciencia conoce por sí misma pues ésta no puede ser de otra forma, así se conoce así misma, así es. Si fuese lo contrario no habría razón en que el ser es lo que es. Y el ser es lo que es porque así se conoce así mismo y no opta por nada más. Es decir, la expresión de vida no conoce otra cosa que lo que es en sí misma, dentro de su posibilidad por sí misma.
Puede ser tal vez, que ésta se perfeccione, pero ni su naturaleza ni conocimiento pueden ir más allá de esto, no hay variaciones.
Dentro de la esfera de posibilidades del conocimiento del ser, éste no puede ir más allá de lo que no es el mismo, sólo puede ir hasta las profundidades de sí mismo, siendo esto su único conocimiento sin llegar jamás fuera de su esfera.
No pudiendo ir más allá de sí mismo porque es lo único que conoce, es la manifestación de cualquier conciencia dentro de sus posibilidades de conocimiento, dentro de la esfera del conocimiento de sí mismo.
Nada de lo existente puede parecer extraño porque la conciencia conoce lo que está dentro de sus posibilidades y esto se concibe como el movimiento del ser a su unión con otras conciencias, fuera de esto no hay algo más, es decir, la conciencia se conoce así misma dentro de su esfera de conocimiento, dentro de su realidad, que en el caso mas obvio esto es el movimiento y su unión con sus hermanos y su fuente, que son sus hermanos en conjunto.
De esta forma, el individuo difícilmente conoce el vacío precisamente porque es vida y lo afirma, no puede conocer algo más porque no ha salido de su esfera de conocimiento. Pues si pensamos en que puede ser capaz de salir de su esfera, no será ya lo que era en su expresión del ser y sería algo diferente. Otro ser, quizá. Otra conciencia y diferentes conocimientos dentro de su esfera de posibilidades, en pocas palabras, conocería otra realidad que no es lo que era antes.
Se hace entonces, una “Transformación de la conciencia”. Otra expresión del ser, y parece ser que ésta otra expresión sería el conocimiento del vacío, siendo esto para el principio de razón una completa pesadilla, pues siempre tememos lo que no conocemos. Por esta razón se teme a la muerte y al progreso. Por esta razón decidimos ser simplemente humanos la mayor parte del tiempo.