Cuando me he referido a las "posibilidades de la conciencia" significa que la vida no conoce otra cosa que lo que ella es, pues lo que la conciencia conoce por sí misma es todo lo que el humano representa.
Ahora,también vimos que la relación que hay entre la vida y la muerte, no es otra cosa que la transformación de las posibilidades del conocimiento del humanismo (sentidos, imaginación y razón) a otra realidad que la vida por sí misma desconoce. Y esto es, el conocimiento del vacío, que es conocido por la muerte del cuerpo, o por meditaciones muy profundas.
He aqui algo que me parece importante, y esto es: las posibilidades de la conciencia, que es todo lo que la vida es, son manifestaciones de una causalidad. Esto significa que forzosamente un acto humano siempre va a llevar consigo una consecuencia igual. Por lo tanto, es imposible que un acto considerado "bueno" genere consecuencias contrarias a esto, A saber: las consecuencias del obrar, estarán impulsadas por su motivo, ya sea algo que el individuo considere como bueno o malo. Y esta relación de causa-consecuencia no tiene límites.
Si el humano comprende que es fenómeno de la naturaleza, o consecuencia de lo que las posibilidades de la conciencia determinan. Entonces éste tendrá el conocimiento de su porvenir de acuerdo al obrar que él por su elección ha decidido.
"La prosperidad y evolución del individuo no son motivadas por fuerzas externas" y esto es que: la comprensión de su obrar, determina las consecuencias.
Esto es lo que se hace llamar "Karma". Las causas- efecto que efectivamente son infinitas, de lo contrario, no habría manifestación alguna ni conocimiento en la conciencia.
Considero que lo importante en este saber es conocer las "causas" que son el buen obrar. Y de esta forma tus vivencias no pueden ser otra cosa que la consecuencia de este buen obrar. Es decir, buenos resultados. El mundo que el "yo" espera y que se conoce popularmente como "prosperidad o gracia". Mas esto no es otra cosa que el conocimiento del espíritu acerca de su causa, para esperar lo que es evidente, su progreso y su bienestar. De esta forma,la gracia en el hombre no se presenta por causas exteriores como divinidades (religiones mal interpretadas), si no que simplemente son decisiones que se llevan a cabo y fomentan la expansión de la mente en relación a la causa conocida y el efecto, que de manera obvia, el individuo es espectador de esto en cualquier momento de su vida. Y estas intuiciones a través del tiempo, lo llevan a reflexionar que este sistema funciona a razón de que la causa en su mejor forma(conocida) o en su peor (desconocida), llevan al efecto, y este efecto a otra causa, y asi en una serie de movimientos y productos infinitos.
De aquí la expresión de Deepak Chopra: "Posibilidades infinitas de la conciencia" que yo en mi mundo espiritual las llamo movimientos de causa-efecto motivados por un obrar o un acto elegido por voluntad.
lunes, 26 de abril de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
Observación 67 "Del crimen"
La verdad no se aprende con doctrinas. En el caso de efectuar un acto que se considera inmoral, éste no debe ser reprendido como un medio para el aprendizaje. Si no que el verdadero conocimiento de este tipo de situación sería que el mismo individuo recapacite y recuerde quien es. De esta forma el espíritu reconoce lo que es suyo dejando atrás su inconsciencia.
El individuo que ha afirmado su condición humana, y por lo tanto, la vida y lo que ésta representa, está condicionado por estas mismas leyes naturales que lo obligan a su preservación. En el caso de un individuo que toma lo que no es suyo, y por lo tanto, suprime los derechos del otro, significa que no es él el que comete lo que se hace llamar un acto “inmoral” si no que es únicamente su expresión de su voluntad de vivir.
Cualquier tipo de crimen, es entonces, no una violación al derecho del prójimo, si no una declaración humana que ciertamente es muy evidente, de su condición como un ser ausente de un mundo espiritual. Como un individuo que no está completo en su relación con el vacío, que es la paz. Si no que por el contrario, por un antivirtud que es el miedo. A saber: el criminal no sólo rompe con las leyes establecidas que se consideran importantes para el bienestar comunal del estado, si no que, de una forma meramente inconsciente, afirma su vida con miedo cometiendo actos que carcomen la mente, y que, con el paso del tiempo, se convierten como en quimeras o aguijones que penetran la profundidad de su ser, que es la consideración que el individuo tiene acerca del bien y del mal. Mas esta consideración poco importa en el momento del acto, ya que la ley instintiva de supervivencia del hombre inconsciente lo obliga a actuar de una forma u otra. Por lo tanto, la ley de supervivencia en el humano no considera al bien y el mal como opciones por elegir. Pues el bien y el mal no son leyes que pertenecen al instinto, si no que éstas opciones son ideas enlazadas en la mente que consideran a la causa como un motivo para su consecuencia, que el individuo personalmente lo define como algo bueno o malo, según su capacidad de conciencia. Esto es por ejemplo, en el caso del tráfico de narcóticos (que se tiene como si fuese una profesión en éstos días) una expresión de su afirmación a la voluntad de vivir de una forma inconsciente, pues la persona que se dedica a éste tipo de oficios declara muy humanamente su incapacidad de elección a lo que el considera como algo bueno, dejándose arrastrar por una serie de motivos que están ligados por completo a un instinto de supervivencia. Así de esta forma también, el ofendido reprocha de la misma manera en que la ofensa fue efectuada, o a veces con frecuencia, de una forma más violenta, la expresión de ésta ley sin comprender jamás que su vulnerabilidad no significa nada mas que la preservación de su cuerpo, que en muchas ocasiones tal ley se manifiesta como defensa.
Tales manifestaciones iguales o similares de egoísmo en el individuo por la ley de supervivencia, llevan a cualquier tipo de crimen a considerarse como actos “muy humanos”, y por lo tanto, inocentes, pues tal individuo no se comprende a sí mismo, si no que actúa como un ser que afirma su vida egoístamente sin importar los derechos del prójimo. Y lo único certero en este tipo de situación sería compadecerlo y perdonar su condición “muy humana”.
De esta manera, considero al crimen como expresión de la voluntad de vivir del individuo inconsciente. Y de esta manera también puedo estar de acuerdo con la reflexión de Sócrates en los diálogos de Platón, a saber: “Es peor cometer una injusticia que sufrirla”
De esta manera también es sensato perdonar y compadecer cualquier acto inconsciente sin importar su magnitud, a pesar de que tal ausencia de paz ha sido la causa de la pérdida de un padre, de muchas vidas, y de muchas injusticias, que, reflexionando como humano, no pueden ser perdonadas.
Mas ese humano que pisa la tierra no significa nada, si no que el perdón no es humano, si no, producto espiritual. Por lo tanto, se considera importante la intuición espiritual, que es la paz, y por consecuente, el perdón. Siendo esto lo único, y el ideal más elevado.
...
Un espíritu no puede interferir en la evolución ajena a él, es decir, un individuo no puede cambiar la verdad de otro. Lo único que este puede hacer para esto, es demostrar su nirvana. Expresar que él ha decidido idealizar al superhombre. Que se ha encontrado a sí mismo y por consecuente, los espíritus lo reconocen e intentan ser como él. Pues como ya lo he mencionado, “El espíritu reconoce lo que es suyo, el espíritu reconoce a su padre.”
El individuo que ha afirmado su condición humana, y por lo tanto, la vida y lo que ésta representa, está condicionado por estas mismas leyes naturales que lo obligan a su preservación. En el caso de un individuo que toma lo que no es suyo, y por lo tanto, suprime los derechos del otro, significa que no es él el que comete lo que se hace llamar un acto “inmoral” si no que es únicamente su expresión de su voluntad de vivir.
Cualquier tipo de crimen, es entonces, no una violación al derecho del prójimo, si no una declaración humana que ciertamente es muy evidente, de su condición como un ser ausente de un mundo espiritual. Como un individuo que no está completo en su relación con el vacío, que es la paz. Si no que por el contrario, por un antivirtud que es el miedo. A saber: el criminal no sólo rompe con las leyes establecidas que se consideran importantes para el bienestar comunal del estado, si no que, de una forma meramente inconsciente, afirma su vida con miedo cometiendo actos que carcomen la mente, y que, con el paso del tiempo, se convierten como en quimeras o aguijones que penetran la profundidad de su ser, que es la consideración que el individuo tiene acerca del bien y del mal. Mas esta consideración poco importa en el momento del acto, ya que la ley instintiva de supervivencia del hombre inconsciente lo obliga a actuar de una forma u otra. Por lo tanto, la ley de supervivencia en el humano no considera al bien y el mal como opciones por elegir. Pues el bien y el mal no son leyes que pertenecen al instinto, si no que éstas opciones son ideas enlazadas en la mente que consideran a la causa como un motivo para su consecuencia, que el individuo personalmente lo define como algo bueno o malo, según su capacidad de conciencia. Esto es por ejemplo, en el caso del tráfico de narcóticos (que se tiene como si fuese una profesión en éstos días) una expresión de su afirmación a la voluntad de vivir de una forma inconsciente, pues la persona que se dedica a éste tipo de oficios declara muy humanamente su incapacidad de elección a lo que el considera como algo bueno, dejándose arrastrar por una serie de motivos que están ligados por completo a un instinto de supervivencia. Así de esta forma también, el ofendido reprocha de la misma manera en que la ofensa fue efectuada, o a veces con frecuencia, de una forma más violenta, la expresión de ésta ley sin comprender jamás que su vulnerabilidad no significa nada mas que la preservación de su cuerpo, que en muchas ocasiones tal ley se manifiesta como defensa.
Tales manifestaciones iguales o similares de egoísmo en el individuo por la ley de supervivencia, llevan a cualquier tipo de crimen a considerarse como actos “muy humanos”, y por lo tanto, inocentes, pues tal individuo no se comprende a sí mismo, si no que actúa como un ser que afirma su vida egoístamente sin importar los derechos del prójimo. Y lo único certero en este tipo de situación sería compadecerlo y perdonar su condición “muy humana”.
De esta manera, considero al crimen como expresión de la voluntad de vivir del individuo inconsciente. Y de esta manera también puedo estar de acuerdo con la reflexión de Sócrates en los diálogos de Platón, a saber: “Es peor cometer una injusticia que sufrirla”
De esta manera también es sensato perdonar y compadecer cualquier acto inconsciente sin importar su magnitud, a pesar de que tal ausencia de paz ha sido la causa de la pérdida de un padre, de muchas vidas, y de muchas injusticias, que, reflexionando como humano, no pueden ser perdonadas.
Mas ese humano que pisa la tierra no significa nada, si no que el perdón no es humano, si no, producto espiritual. Por lo tanto, se considera importante la intuición espiritual, que es la paz, y por consecuente, el perdón. Siendo esto lo único, y el ideal más elevado.
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Un espíritu no puede interferir en la evolución ajena a él, es decir, un individuo no puede cambiar la verdad de otro. Lo único que este puede hacer para esto, es demostrar su nirvana. Expresar que él ha decidido idealizar al superhombre. Que se ha encontrado a sí mismo y por consecuente, los espíritus lo reconocen e intentan ser como él. Pues como ya lo he mencionado, “El espíritu reconoce lo que es suyo, el espíritu reconoce a su padre.”
jueves, 8 de abril de 2010
Observación 50 " De la peor virtud "
La verdad no puede ser absoluta. La idea de “verdad absoluta” como lo consideran las religiones, son completamente una ilusión. Y es esta ilusión su prisión. Es decir, cuando dejemos de creer en una verdad que es propia sólo para algunos, para los que tienen fe y se sacrifican por sus pecados en el caso del cristiano, o para el servicio extremo a Dios de musulmanes, todo esto es una ilusión. La verdad es perceptible en cualquier vivencia. La verdad no es conocimiento mundano ni fe. Sino la verdad del ahora, el momento presente.
El hombre sabio sabe que la verdad es liberarte de estas verdades ilusorias. El hombre sabio se libera de lo establecido. El hombre sabio cuestiona y compadece a los débiles de voluntad.
La fe en un valor que carece de sustento nos lleva a la locura. Pero es este ideal elegido por propia voluntad lo que lleva al humano a su propósito existencial. Así de esta forma, aquel que vive con ideales no propios vive de una forma buena y conformista. Pero el filósofo que cuestiona estas cosas y se interioriza en su razón e intuición está destinado a ser sólo un buscador, un ideal propio, un individualista, un pensador, y en algunos casos, un despreciador completo de lo establecido y de la ilusión del ser conformista. El filósofo está destinado a cuestionarse así mismo y a probar sus capacidades frecuentemente como un medio para demostrarse así mismo sus reflexiones. Y es en esta constante búsqueda lo que eleva al hombre por encima de sí mismo. Es este inconformismo lo que lo lleva a su más grande virtud. El deseo de ser libre. El deseo de ser trascendente. El verdadero filósofo moriría por voluntad en una buena causa, y esta buena causa es precisamente el principio de su ideal. El principio que lo hace ser un buscador.
El inconformismo es para mí una virtud que nos empuja a lo grande, a nuestra grandeza. El filósofo comprende esta virtud como su más grande reto y su esencia. Analiza, busca y comprende, investiga, explora, razona, intuye y comprende su verdad del ahora. El filósofo está destinado a vivir en soledad y a caminar en su propio sendero procurando esta soledad como un medio para sus reflexiones. El filósofo está destinado a ser criticado por la sociedad, juzgado, venerado, y en la mayoría de los casos, excluido. Pues el mismo sabe que la sociedad es fría para él, pues él ve las cosas diferente. Las ve por su verdad. La verdad establecida que se considera absoluta, no. Sino su propia verdad que es absoluta en su intuición y reflexión. Su ideal que lo lleva a su propia muerte ilusoria por elección, por su infinita libertad en poner su voluntad en un valor que va mucho más allá del entendimiento inconsciente. Esto es vivir moralmente, no desaprobando ideas en los demás, no. Sino buscando su propio camino y en muchas ocasiones, escuchando opiniones e ideas ajenas, pues estas mismas ideas lo llevan a su identidad. Esta misma inconsciencia ajena a él lo hace conciente de su inconsciencia procurando entonces actuar, como sus principios lo incitan a ser, siendo él, espíritu libre. Pues su mejor y al mismo tiempo, peor virtud, son el buscar, mientras que sus principios los considera morales a razón de que son sus propios ideales; pues he de comentar, que no hay un deber por pensar ni hacer, sólo libertad en su voluntad por manifestarse así mismo.
El hombre sabio sabe que la verdad es liberarte de estas verdades ilusorias. El hombre sabio se libera de lo establecido. El hombre sabio cuestiona y compadece a los débiles de voluntad.
La fe en un valor que carece de sustento nos lleva a la locura. Pero es este ideal elegido por propia voluntad lo que lleva al humano a su propósito existencial. Así de esta forma, aquel que vive con ideales no propios vive de una forma buena y conformista. Pero el filósofo que cuestiona estas cosas y se interioriza en su razón e intuición está destinado a ser sólo un buscador, un ideal propio, un individualista, un pensador, y en algunos casos, un despreciador completo de lo establecido y de la ilusión del ser conformista. El filósofo está destinado a cuestionarse así mismo y a probar sus capacidades frecuentemente como un medio para demostrarse así mismo sus reflexiones. Y es en esta constante búsqueda lo que eleva al hombre por encima de sí mismo. Es este inconformismo lo que lo lleva a su más grande virtud. El deseo de ser libre. El deseo de ser trascendente. El verdadero filósofo moriría por voluntad en una buena causa, y esta buena causa es precisamente el principio de su ideal. El principio que lo hace ser un buscador.
El inconformismo es para mí una virtud que nos empuja a lo grande, a nuestra grandeza. El filósofo comprende esta virtud como su más grande reto y su esencia. Analiza, busca y comprende, investiga, explora, razona, intuye y comprende su verdad del ahora. El filósofo está destinado a vivir en soledad y a caminar en su propio sendero procurando esta soledad como un medio para sus reflexiones. El filósofo está destinado a ser criticado por la sociedad, juzgado, venerado, y en la mayoría de los casos, excluido. Pues el mismo sabe que la sociedad es fría para él, pues él ve las cosas diferente. Las ve por su verdad. La verdad establecida que se considera absoluta, no. Sino su propia verdad que es absoluta en su intuición y reflexión. Su ideal que lo lleva a su propia muerte ilusoria por elección, por su infinita libertad en poner su voluntad en un valor que va mucho más allá del entendimiento inconsciente. Esto es vivir moralmente, no desaprobando ideas en los demás, no. Sino buscando su propio camino y en muchas ocasiones, escuchando opiniones e ideas ajenas, pues estas mismas ideas lo llevan a su identidad. Esta misma inconsciencia ajena a él lo hace conciente de su inconsciencia procurando entonces actuar, como sus principios lo incitan a ser, siendo él, espíritu libre. Pues su mejor y al mismo tiempo, peor virtud, son el buscar, mientras que sus principios los considera morales a razón de que son sus propios ideales; pues he de comentar, que no hay un deber por pensar ni hacer, sólo libertad en su voluntad por manifestarse así mismo.
miércoles, 17 de marzo de 2010
De la unión
En cuanto a nuestra representación objetiva, que es el mundo, podemos reflexionar que las percepciones sensitivas que muestran los objetos son una unión constante de partículas.
Las filosofías antiguas la conocen como "sustancia" mientras que la ciencia "átomo" y su composición, partículas subatómicas.
La unión de sustancias es la objetivación material de las cosas percibidas, es decir, el mundo para el sujeto que conoce.
Este mundo cognoscible, por consecuente, representa un sólo concepto; la unión. Esta unión de sustancias (átomos) es lo que se conoce para nuestras percepciones "Lo que es real" o lo que los sentidos llaman "real".De esta forma para la conciencia, no hay ni existe en su percepción sensible un estado ausente de esta unión.
Lo que es irreal es un estado en donde el ser no tenga relación alguna con las diversas manifestaciones de conciencia que le rodean. Es decir, la expresión que se utiliza como "unión" se conoce popularmente como "amor". No hay existencia alguna que carezca de esta consecuencia, pues es en mi opinión la unión, una consecuencia de una causa (desconocida razonablemente por cualquier humano) que Schopenhauer llama a ésta causa, "voluntad y cosa en sí". Más llamésmosla de una forma práctica, "fuerza de vida". Esta fuerza actúa únicamente para sellar su propósito, la unión. En donde la expresión individual de cada conciencia existe en sí misma y para sí misma por esta unión que la ha creado. Pero, tanto como es trascendente para sí misma, también lo es para el mundo.
No hay existencia objetiva alguna que carezca de lo que ella es, una consecuencia que es la unión de sustancias, y su causa, esta fuerza desconocida llamada "vida".
"El mundo es la unión y sólo esto. Tal estado del ser carente de unión, es irreal"
El mundo es la colectividad de conciencias, la unión constante de sustancias.
El mundo es, y representa el amor, y sólo esto. De aquí la afirmación del maestro esenio: "El padre y yo, somos uno."
Las filosofías antiguas la conocen como "sustancia" mientras que la ciencia "átomo" y su composición, partículas subatómicas.
La unión de sustancias es la objetivación material de las cosas percibidas, es decir, el mundo para el sujeto que conoce.
Este mundo cognoscible, por consecuente, representa un sólo concepto; la unión. Esta unión de sustancias (átomos) es lo que se conoce para nuestras percepciones "Lo que es real" o lo que los sentidos llaman "real".De esta forma para la conciencia, no hay ni existe en su percepción sensible un estado ausente de esta unión.
Lo que es irreal es un estado en donde el ser no tenga relación alguna con las diversas manifestaciones de conciencia que le rodean. Es decir, la expresión que se utiliza como "unión" se conoce popularmente como "amor". No hay existencia alguna que carezca de esta consecuencia, pues es en mi opinión la unión, una consecuencia de una causa (desconocida razonablemente por cualquier humano) que Schopenhauer llama a ésta causa, "voluntad y cosa en sí". Más llamésmosla de una forma práctica, "fuerza de vida". Esta fuerza actúa únicamente para sellar su propósito, la unión. En donde la expresión individual de cada conciencia existe en sí misma y para sí misma por esta unión que la ha creado. Pero, tanto como es trascendente para sí misma, también lo es para el mundo.
No hay existencia objetiva alguna que carezca de lo que ella es, una consecuencia que es la unión de sustancias, y su causa, esta fuerza desconocida llamada "vida".
"El mundo es la unión y sólo esto. Tal estado del ser carente de unión, es irreal"
El mundo es la colectividad de conciencias, la unión constante de sustancias.
El mundo es, y representa el amor, y sólo esto. De aquí la afirmación del maestro esenio: "El padre y yo, somos uno."
jueves, 11 de marzo de 2010
Observación 83
Después de afirmar nuestra condición humana, que es entregarte por completo a las leyes universales como la ley de supervivencia, y afrontar tus pensamientos que están completamente ligados con la ley, tales como las necesidades más triviales como el comer, el dormir, desear un poder ilusorio, necesidades de afecto, de pertenencia, de auto realización y satisfacción, etc. Cuando te haz entregado a tu humanismo, la opción más sensata es llevarlo hasta los límites. Es decir, ser completamente humano. Aunque, parece ser, que cualquier ser también ha de entregarse al mundo espiritual, lo busca y lo desea la mayor parte del tiempo de forma inconsciente. Así de esta manera el humano está entregado a la vida de la tierra y sus consecuencias, y por otra parte, su conciencia tiene la idea trascendental. La idea fundamental que es, como ya lo he mencionado, que a pesar de que nos consideremos los unos a los otros ajenos, tenemos como idea matriz o como un presentimiento, que somos naturaleza. Y ésta naturaleza es eterna, nunca se detiene, nunca cesa de funcionar. De esta manera cualquier conciencia percibe al espíritu como inmortal, y de esta manera te reconoces a ti mismo como inmortal. Así que, si somos naturaleza y por lo tanto inmortales, es sensato preguntar ¿podemos no ser naturaleza? ¿Podemos dejar de funcionar por las leyes universales? ¿Podemos suprimir la ley de supervivencia? Y mi respuesta es que: el humano tiene en sí la inquietud de parar todo este sistema sólo que no encuentra la manera de hacerlo. Como un ejemplo muy común sería dejar de pensar por un momento y entregarte al completo silencio, o querer no vivir en momentos desesperados como el tener hambre o alcanzar la locura por una mente atormentada a causa del principio de razón, o perder a alguien por causa de actos inconscientes. Todo esto nos lleva a decir: verdaderamente la paz no es necesaria, sino indispensable. De esta forma el más humano siente la necesidad de entregarse al mundo espiritual y desear un cambio en la conciencia, un cambio del poder ilusorio al vacío. De esta forma también, cualquier filósofo dice siempre lo mismo, la idea matriz que es una explicación por principio de razón de nuestra condición como humanos, nuestros actos, nuestra esencia etc. De esta manera Parménides, Sócrates, platón, Aristóteles, Pitágoras, Descartes, Spinoza, Leibniz, Hobbes, Locke, Hume, Kierkergard, Kant, Schopenhauer, Nietszche, por mencionar sólo algunos, tienen exactamente las mismas intuiciones con pequeñas variaciones. Por consecuente, cualquier ser, hablando propiamente del humano, desea su trascendencia usando sus más comunes herramientas como el intelecto, la sensibilidad, la experiencia etc. A saber: cualquier ser se encamina a la paz, al vacío. La respuesta de cualquier pensador se resume en encontrar el vacío en su experiencia. En ser por completo con toda voluntad y conciencia, la cosa en sí, que es el vacío y el mundo espiritual. Pero a razón de esta experiencia, sólo el individuo conoce sus capacidades y sus límites, sólo la conciencia en su fenómeno (humano), se conoce así misma. Por eso mi experiencia y filosofía son tan diferentes de las otras conciencias a no ser que pretendemos responder las mismas preguntas. Por consecuente, el mundo espiritual es propio de cada conciencia, y cada conciencia tiene la respuesta de poder estar inmerso en él. Cada ser es un mundo espiritual, empezando desde las plantas y animales o cualquier ser vivo; Cada ser es una palpitación del corazón del universo.
De esta forma, cualquier ser con vida es tan importante como todo el cosmos y sus leyes lo son, de esta forma el dios tan distante de las religiones se convierte en una planta, en agua, en galaxias, en cualquier átomo, en amor y en muerte, en valor y aceptación de la vida, en negación de la vida, en uno en todos y todos en uno. De esta forma los contrarios son inseparables; ya hablaremos de esto en el siguiente capítulo.
De esta forma, cualquier ser con vida es tan importante como todo el cosmos y sus leyes lo son, de esta forma el dios tan distante de las religiones se convierte en una planta, en agua, en galaxias, en cualquier átomo, en amor y en muerte, en valor y aceptación de la vida, en negación de la vida, en uno en todos y todos en uno. De esta forma los contrarios son inseparables; ya hablaremos de esto en el siguiente capítulo.
miércoles, 3 de marzo de 2010
De la educación
Así como lo pensó Hume: “Un buen lógico sería de alguna forma, un buen filósofo y por lo tanto, un espíritu que busca la verdad por sí mismo. Pero en cuanto a cuestionar la religión o la cultura, no sería en absoluto, un buen ciudadano” Pero ¿No es un buen ciudadano aquel que tiene ideas nuevas?
¿Que es la cultura si no es la adopción por el paso del tiempo ilusorio de las costumbres? que no son más que representación de principio de razón, como si fuesen monotonías mentales.
Mi respuesta es que la cultura es adopción de costumbres establecidas. Un hombre conciente busca su verdad, sabe que le son necesarios sus hermanos, mas no depende de ellos por completo, porque el es su verdad y por lo tanto, el todo, la representación de sí mismo.
Por esto razón el hombre conciente no busca algo más grande que el mayor conocimiento, su poder espiritual, el conocimiento de sí mismo, pues ¿No es el conocimiento de tu poder lo único suficiente para estar en verdadera paz? ¿No es la absoluta paz el don del superhombre?
Tanto la cultura como cualquier manifestación humana no son sino una recolección de datos a través del tiempo, actuando como una monotonía mental.
La educación presente en cualquier país repite lo que ya se ha dicho una y otra vez en generaciones pasadas y tal vez futuras, a saber: la educación en las próximas generaciones deberá tener presente que las costumbres establecidas no son de ninguna manera una forma de encontrar la verdad que es buscada por hombres concientes. Pues esto es de alguna forma, domesticar al humano con conocimientos que el mismo no comprende pero que sin embargo, son aceptados. ¿Por qué es la aceptación? Porque la cultura (Que es monotonía mental) es aceptada por el individuo como una forma de reconocerse a sí mismo, es decir, que el individuo que ha nacido y crecido intelectualmente en un lugar está obligado a aceptar su tierra o por miedo a ser expulsado, o por miedo a perder sus placeres, que por memoria recuerda haberlos vivido en el sitio particular. Así que por necesidad el individuo acepta su cultura y por lo tanto, su educación. De esta manera el humano es domesticado para hacer lo que está establecido y se considera correcto. Pero ¿Qué es lo correcto? ¿No es el conocimiento de ti mismo por intuición lo único suficiente? ¿No deberá de ser en estos días la educación del humano, el aprendizaje de su poder espiritual?
Es difícil para el humano que ha sido domesticado por sus antepasados, deshacerse de esta educación porque la mente acepta siempre lo que le es conveniente para su supervivencia. Como una obediencia de la mente, a la ley de supervivencia, ésta acepta los principios aprendidos de cualquier forma para fomentarse así mismo sus placeres, que son su vida. De esta manera la educación ha sido siempre, enseñar lo que es más humano, nuestra herencia que es humanismo, y el humanismo comprende la recolección de datos para afrontar la vida apagando sus placeres en cualquier momento (desde la infancia hasta su muerte)
De esta manera, la educación deber ser renovada primeramente, en fomentar al nuevo individuo el aprendizaje por sí mismo de sus miedos, fortalezas y virtudes, gustos, pasiones etc. No por medios ajenos aprende, si no por sí mismo. Esto sería ser sólo un guía para el que educa, pero jamás dar la imagen de ser un ejemplo a seguir. Pues ¿cómo puedes tener un ejemplo humano a seguir si no conoce más que su propio humanismo? Más aún, la educación debe promover como si fuese la más grande novedad y el más alto progreso de la humanidad, el reconocimiento bajo cualquier circunstancia del mundo espiritual, que es el vacío y lo que la metafísica concibe como la cosa en sí
Esto es posible si el individuo se le ha educado de forma correcta, que posiblemente sea enseñar al individuo a ser el su propio dueño, su propio dios, y su propio ejemplo a seguir. Sería entonces, la perfecta manifestación del ser, la perfecta expresión de sí mismo. Que es perfecta en el conocimiento del individuo, a saber: que él es ese poder inmanifiesto que percibe, ese poder que lo aterra por su magnificiencia y lo tranquiliza en todas sus meditaciones, esa fuerza tan grande que acelera el corazón y expande los pulmones; Esta fuerza no es pensamiento, si no el observador que se percibe como algo completamente estático y aterrador por su gran poder, el que observa a la voz que continuamente nos distrae, el pensamiento.
¿Que es la cultura si no es la adopción por el paso del tiempo ilusorio de las costumbres? que no son más que representación de principio de razón, como si fuesen monotonías mentales.
Mi respuesta es que la cultura es adopción de costumbres establecidas. Un hombre conciente busca su verdad, sabe que le son necesarios sus hermanos, mas no depende de ellos por completo, porque el es su verdad y por lo tanto, el todo, la representación de sí mismo.
Por esto razón el hombre conciente no busca algo más grande que el mayor conocimiento, su poder espiritual, el conocimiento de sí mismo, pues ¿No es el conocimiento de tu poder lo único suficiente para estar en verdadera paz? ¿No es la absoluta paz el don del superhombre?
Tanto la cultura como cualquier manifestación humana no son sino una recolección de datos a través del tiempo, actuando como una monotonía mental.
La educación presente en cualquier país repite lo que ya se ha dicho una y otra vez en generaciones pasadas y tal vez futuras, a saber: la educación en las próximas generaciones deberá tener presente que las costumbres establecidas no son de ninguna manera una forma de encontrar la verdad que es buscada por hombres concientes. Pues esto es de alguna forma, domesticar al humano con conocimientos que el mismo no comprende pero que sin embargo, son aceptados. ¿Por qué es la aceptación? Porque la cultura (Que es monotonía mental) es aceptada por el individuo como una forma de reconocerse a sí mismo, es decir, que el individuo que ha nacido y crecido intelectualmente en un lugar está obligado a aceptar su tierra o por miedo a ser expulsado, o por miedo a perder sus placeres, que por memoria recuerda haberlos vivido en el sitio particular. Así que por necesidad el individuo acepta su cultura y por lo tanto, su educación. De esta manera el humano es domesticado para hacer lo que está establecido y se considera correcto. Pero ¿Qué es lo correcto? ¿No es el conocimiento de ti mismo por intuición lo único suficiente? ¿No deberá de ser en estos días la educación del humano, el aprendizaje de su poder espiritual?
Es difícil para el humano que ha sido domesticado por sus antepasados, deshacerse de esta educación porque la mente acepta siempre lo que le es conveniente para su supervivencia. Como una obediencia de la mente, a la ley de supervivencia, ésta acepta los principios aprendidos de cualquier forma para fomentarse así mismo sus placeres, que son su vida. De esta manera la educación ha sido siempre, enseñar lo que es más humano, nuestra herencia que es humanismo, y el humanismo comprende la recolección de datos para afrontar la vida apagando sus placeres en cualquier momento (desde la infancia hasta su muerte)
De esta manera, la educación deber ser renovada primeramente, en fomentar al nuevo individuo el aprendizaje por sí mismo de sus miedos, fortalezas y virtudes, gustos, pasiones etc. No por medios ajenos aprende, si no por sí mismo. Esto sería ser sólo un guía para el que educa, pero jamás dar la imagen de ser un ejemplo a seguir. Pues ¿cómo puedes tener un ejemplo humano a seguir si no conoce más que su propio humanismo? Más aún, la educación debe promover como si fuese la más grande novedad y el más alto progreso de la humanidad, el reconocimiento bajo cualquier circunstancia del mundo espiritual, que es el vacío y lo que la metafísica concibe como la cosa en sí
Esto es posible si el individuo se le ha educado de forma correcta, que posiblemente sea enseñar al individuo a ser el su propio dueño, su propio dios, y su propio ejemplo a seguir. Sería entonces, la perfecta manifestación del ser, la perfecta expresión de sí mismo. Que es perfecta en el conocimiento del individuo, a saber: que él es ese poder inmanifiesto que percibe, ese poder que lo aterra por su magnificiencia y lo tranquiliza en todas sus meditaciones, esa fuerza tan grande que acelera el corazón y expande los pulmones; Esta fuerza no es pensamiento, si no el observador que se percibe como algo completamente estático y aterrador por su gran poder, el que observa a la voz que continuamente nos distrae, el pensamiento.
martes, 23 de febrero de 2010
De la identidad
Para la condición del humano no hay mejor opción que afrontar esta realidad interior que es conciencia, independientemente de la respuesta más buscada que es el mundo que cualquier hombre espera y que no es más que un mejor bienestar, pues cualquier argumento ya sea comprobado o no, tal y como lo hace la ciencia y su metodología, han de buscan el bienestar; pues hemos de reflexionar, que la seguridad para esta conciencia y este mundo tan absoluto que todos deseamos y que sin embargo, somos ese mundo y representamos ese mundo, no significa nada si no es el bienestar del porvenir que es la seguridad del individuo por la verosimilitud en su facultad de conocer.
Así nos preguntamos como la reflexión inmortal de Shopenhauer: “el hombre es y representa, quien quiere llegar a ser” pero esto significa que conocemos nuestra identidad, más ¿No es nuestra identidad, ése “yo” tan exigente que supone una infinidad de respuestas absurdas? ¿No es una respuesta, sin importar su jerarquía de importancia, la seguridad del individuo por argumentar sus hipótesis de manera en que pueda decir con certeza: ¡mi existencia se justifica!?
Las percepciones que consideramos reales, son producto de razón e imaginación, que es el hombre, y por lo tanto, es como si dijera que el individuo puede llegar a ser tal y como su capacidad de imaginación se lo permite, pero imaginación es identidad del hombre, así que no habremos de salir, nosotros espíritus libres, de esta desgracia limitada de nuestras posibilidades de la conciencia.
Así que, decir “yo” es lo que esperas llegar a ser, pero lo que esperas llegar a ser no es una condición fuera del humanismo, por más extraordinaria que sea ésta, es una realidad del “yo”, que está limitada en relación a las posibilidades de la conciencia. Más nunca fuera de ésta, a menos que llegue su fin.
Tal es la invención de las mitologías ancestrales y la religión de nuestros días, que actúan como un reflejo del “yo” a lo que se espera llegar a ser. Tanto como la filosofía lo desea, pues la razón del hombre siempre ha de buscar respuestas y actuar, muchas veces de forma inconsciente como gritando con júbilo: ¡yo soy esa elevación!, esa libertad, esa creación de la imaginación que considera al yo, como el porvenir de su estado humano. Más ese “yo” presente en cualquier momento, no es ni espera un estado mejor, pues no hemos de salir de nuestra condición que la ciencia y la filosofía llama: “hombre” y que el espíritu individual concibe como “yo”.
Así nos preguntamos como la reflexión inmortal de Shopenhauer: “el hombre es y representa, quien quiere llegar a ser” pero esto significa que conocemos nuestra identidad, más ¿No es nuestra identidad, ése “yo” tan exigente que supone una infinidad de respuestas absurdas? ¿No es una respuesta, sin importar su jerarquía de importancia, la seguridad del individuo por argumentar sus hipótesis de manera en que pueda decir con certeza: ¡mi existencia se justifica!?
Las percepciones que consideramos reales, son producto de razón e imaginación, que es el hombre, y por lo tanto, es como si dijera que el individuo puede llegar a ser tal y como su capacidad de imaginación se lo permite, pero imaginación es identidad del hombre, así que no habremos de salir, nosotros espíritus libres, de esta desgracia limitada de nuestras posibilidades de la conciencia.
Así que, decir “yo” es lo que esperas llegar a ser, pero lo que esperas llegar a ser no es una condición fuera del humanismo, por más extraordinaria que sea ésta, es una realidad del “yo”, que está limitada en relación a las posibilidades de la conciencia. Más nunca fuera de ésta, a menos que llegue su fin.
Tal es la invención de las mitologías ancestrales y la religión de nuestros días, que actúan como un reflejo del “yo” a lo que se espera llegar a ser. Tanto como la filosofía lo desea, pues la razón del hombre siempre ha de buscar respuestas y actuar, muchas veces de forma inconsciente como gritando con júbilo: ¡yo soy esa elevación!, esa libertad, esa creación de la imaginación que considera al yo, como el porvenir de su estado humano. Más ese “yo” presente en cualquier momento, no es ni espera un estado mejor, pues no hemos de salir de nuestra condición que la ciencia y la filosofía llama: “hombre” y que el espíritu individual concibe como “yo”.
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