jueves, 14 de octubre de 2010

De la especie (referencia: Schopenhauer)

En todo momento de especulación al futuro siempre existe la posibilidad de que todas las cosas conocidas perezcan y desaparezcan. A lo que nos aferramos todavía con mayor certeza, las cosas que consideramos buenas en su momento. De aquí que no las perdemos y por el contrario, las apreciamos en sus mejores formas y sus más altos rangos. Así, la familia, la amistad, tu compromiso de dar lo mejor de ti al mundo, son cosas que en su momento las consideras como bien supremo, y es bien supremo porque así lo has creído y no por concepto universal.

Pues bien, a estos bienes supremos nos entregamos y con ellos estamos satisfechos, completos, afirmamos infinidad de veces nuestra existencia. Decimos tres veces sí a lo que contemplamos inciertamente porque no es comprendido. Pero es adorado y demasiado placentero.
Todos estos placeres allí reunidos son en gran parte, la consideración de tener presente el pensamiento de unidad como a priori. De saber que nada se encuentra solo y que no hay una percepción de abandono… mucho menos de muerte.
Este pensamiento elevado y muy natural se refiere a lo que queremos y perseguimos como bien supremo. El compartir quien eres, el dar y recibir, el ser íntegro, el ser honesto, el ser humilde. Este sentimiento de integridad provoca que las familias prevalezcan unidas, que lleguen a ser una especie exitosa.

Toda especie, en especial la humana, está conciente de su integridad con todas las cosas y de anular su percepción ficticia de abandono. De considerar al semejante como una imagen muy real de sí mismo. Es aquí cuando no hay un abismo entre lo oscuro y la verdad, cuando no existe el concepto “velo de maya” si no el conocimiento intuitivo: “considerar al espíritu puesto en todas las cosas”

De esta manera el individuo es libre, sabe que él mismo no significa nada. Que él, individuo como muchos, muere y es remplazado por otros. Que su existencia en un enorme universo no puede ser amenazada de ninguna manera. Pues este universo es espejo de sí mismo, de una voluntad que lo mantiene firme, con miedo, pero firme.

Así la conciencia elevada sabe de muchas y variadas formas que no puede morir, porque los muchos y miles de acontecimientos que suceden no van a detenerse cuando su cuerpo pare de funcionar.
Así, no es el individuo lo que importa, si no la especie. La idea del humano en conjunto. Pues el humano nace, trae sus genes al mundo y con esto asegura la especie. Su más grande objetivo que es como nunca desaparecer, pues el mismo es su pueblo.



El placer del sentimiento de integridad a todo lo conocido es lo que inconscientemente deleitamos y adoramos como “bien supremo”. Lo que buscamos y al momento de hacerlo conciente lo definimos como “espiritual”. De aquí que muchos sean capaces de sacrificarse por el bienestar del otro, es decir, de su especie. De lo que es él mismo viviendo en todos.

Hay un punto importante en esta reflexión, a saber: en un inmenso universo, con millones de estrellas y galaxias, y por lo tanto, acontecimientos de magnitudes extraordinarias como la explosión de una supernova o acciones más desapercibidas como la conversión de un elemento a otro. En un universo con miles de acciones que suceden a nuestro alrededor, ¿Por qué estamos tan seguros que nuestras muertes significan algo? Aún si la especie humana desapareciese, el cosmos seguiría siendo tan perfecto como siempre lo ha sido.

La muerte de un individuo es un acontecimiento. Algo que realmente ha sucedido como muchos eventos en donde por más que los consideremos insignificantes y pequeños, no pueden negarse que han pasado. Pues así los eventos más rápidos y más pequeños a nuestra percepción, como el desprendimiento de un electrón, no significan la desaparición, si no, en mejor término, la transformación. Asimismo, la muerte de una célula tampoco significa la completa desaparición del cuerpo, si no que por el contrario, es funcional y necesaria, algo muy natural. ¿Por qué entonces se teme a la muerte?

Es lo que se define como conocer lo incomprensible. Y de aquí nace nuestro miedo también, pues se ha convertido en una costumbre necesaria al instinto.
Así en conclusión, ver la vida (voluntad) en infinidad de expresiones, es reconocerte a ti mismo, y de la misma forma, tu existencia puesta en otros. O en el mejor de los casos para su comprensión: “En todo”.

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